martes, 4 de noviembre de 2008

Revolución Argentina y Cordobazo


El presidente Juan Carlos Ongania, en su intento de establecer un gobierno burocrático autoritario en la Argentina de 1966, no tuvo el éxito esperado. Fueron más los pesares y oposiciones a su autoridad y toma de decisiones, que los apoyos recibidos en su política- económica neoliberal, influenciada por los altos empresarios del sector industrial.
El descontento ante esta figura autoritaria que ideológicamente se intento imponer, ocupo gran parte de la conciencia de una “cultura de oposición” que se hizo sentir en movilizaciones y huelgas a lo largo de todo el país.
Es el Cordobazo fuente y detonante del comienzo hacia el derrumbamiento del gobierno militar del General Ongania. El “orden” y la “paz social”, elementos que deberían garantizar la Revolución Argentina y la implementación del plan Krieger, fueron desarticulados e inertes ante la espontánea adhesión popular de los sectores de oposición al régimen.
Si bien no se puede analizar el Cordobazo como la culminación de un proceso que se dio exclusivamente allí, esta ciudad presento ciertas condiciones específicas que llevaron a la agudización del conflicto. El desarrollo de la industria automotriz; el crecimiento de una nueva tradición sindical con fuertes dirigentes; las revueltas estudiantiles con influencias ideológicas desde el “mayo francés” de 1968; un gobierno incapaz de detectar el problema, de responder y reaccionar adecuadamente; por último, objetivos comunes a los grupos de oposición al gobierno que permitieron que el movimiento se concretara a nivel masivo, dejando graves consecuencias, tanto en pérdida de víctimas, como en las conciencia de la sociedad cordobesa y especialmente en la repercusión a nivel nacional.

sábado, 1 de noviembre de 2008

¿Cómo te llamás?

Desde el comienzo de los tiempos, los seres humanos utilizan la costumbre de colocarse nombres. El nombre no es una propiedad innata, es decir, algo con lo que uno nace. Su fin va más allá de ser propio de cada persona. El nombre es una creación de la sociedad, por la sociedad. Los nombres sirven para que el “otro” se haga dueño de mí.
Los padres colocan el nombre de su hijo al nacer. Este nombre podría ser tanto Carlota, como Natalia, como Walter, como Creostáseo. La elección del nombre es indiferente y corre por total cuenta de los padres. La duda se incrementa aún más con el desconocimiento del sexo del bebé.
Los padres comienzan el proceso de búsqueda del nombre. Cada familiar hace su aporte. Las diferentes opciones rondan entre complacer a la suegra o al pariente difunto. Hasta que las partes llegan por contrato a un arreglo entre ellos, o a un pacto por superioridad de la cabeza femenina. La madre se justifica injustamente haciendo uso de la exclusividad del sufrimiento del embarazo y posterior parto.
Por otro lado, algunas personas acuerdan que una vez obtenido su nombre son dueñas indiscutibles del mismo. Estas personas se justifican afirmando que el nombre es singular por lo que pertenece a una sola persona.
John Locke afirmaba que para algo ser de tu propiedad debería implementarse trabajo mediante. Este hecho no concuerda con la teoría individual del nombre. En todo caso, las personas son las que al utilizar tu nombre le aplican trabajo.
¿Cuántas veces pronuncias tu nombre por día? ¿Cuántas veces te “nombran” para llamar tu atención? Las personas no utilizan sus propios nombres en el ámbito de la palabra hablada. Raramente escuchas tu nombre salir de tu propia boca. Los "otros" son los que te nombran a tí. Saussure, el padre de la lingüística, dice que en la palabra hablada es donde realmente tiene vigencia el lenguaje.
El nombre por singular debe tener un único dueño. Esta unidad es la misma sociedad. La sociedad a falta de imaginación permite repeticiones. Las reiteraciones de nombres como Pablo, José, María o Ana son necesarias. Las coincidencias son objeto de charla y del “hacer sociales”. Estas características son imprescindibles para la vida del hombre.
La teoría colectiva del nombre cumple con la veracidad de que las cosas existen solo para el fin al que han sido creadas. La sociedad creó el nombre para que cada persona fuera dueña de la otra.