viernes, 31 de octubre de 2008

Te pasé el bostezo


Una bocanada grande de aire entrando recto por la boca. Como una aspiradora. Acariciando la cara interna de los dientes. Secando los hilos de saliva que cuelgan de techo a suelo de la garganta. Eso es un bostezo. Fenómeno humano inconciente. Incógnita persistente es el hecho inevitable de que cuando una persona bosteza, no se puede evitar bostezar, repitiendo la acción como un espejo atrasado.
Mi hipótesis es pues que el bostezo es la única existencia en el mundo que se clona a si misma a simple vista. Sin intervención humana alguna. Se duplica de forma natural e innata.
A lo largo del tiempo se ha hablado del “pasaje” del bostezo de una persona a otra.
-Me pasaste el bostezo- como si desde el origen del primer bostezo nunca hubiera surgido otro, sino que el mismo hubiera saltado de boca a boca, generaciones tras generaciones de la humanidad. Esto sería imposible, a menos que, el bostezo cumpliera el rol del mayor saltador del mundo, superando a la pulga, que salta 15 veces su altura y 32 veces su ancho. Más he visto casos, en los que un bostezo alcanzó a clonarse y otro a nacer entre dos personas a más de 10 metros. Unas 100.000 veces infinitas su ancho, claro esta el indeterminado valor de la anchura de un bostezo. También he visto bostezar tras un vidrio transparente. Allí hubiera quedado estampado el bostezo cuando hiciera, y si lo fuera, un salto. Si no pregúntenle al operador de una radio, y si encontró por allí alguno todavía aturdido.
Hay otros que lo tratan como enfermedad.
-Me contagiaste el bostezo- dicen, como si el otro hubiera tenido propósito diabólico o intención maliciosa de hacerlo.
Cabe contrarrestar este argumento ya que toda enfermedad es siervo de la causa y el efecto. Hay casos en los que la dupla de bostezos se dan simultáneos o, superpuestos en otros casos. Cosa inimaginable en el contagio viral o bacterial, cuyos síntomas se traslucen en el instante después y no mientras o a la vez. Como la causa y el efecto, tiene que existir uno para que exista el otro, y el otro se da exactamente después de producirse el primero.
Por el mismo lado, en la enfermedad, para una causa hay un efecto determinado. El bostezo pierde esta constancia, ya que he visto tríos o hasta cuartetos. Simultáneos, dos si, dos no, causa-efecto, clonados de a cuatro, o de a dos. Inconstancia insustancial que se da en tal fenómeno de copiado genético indiscutible.
A partir de lo postulado, la metodología empirista de grandes pensadores como Hume, Hobbes y Locke, entra en juego, dejándole a la experiencia la última palabra. Y ella por sobre la jerga popular a hecho comprender que el bostezo ha sido desde siempre base de la clonación, que tristemente ha querido reclamar como propia e innovadora la oveja Dolly.

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